“Canciones para sordos” es el nombre de una breve cápsula que hago en el programa radiofónico En El Camino (miércoles, 8 pm por Uni Radio) que es sobre literatura, cine y música, muy entretenido por el enfoque que le dan, ahí hablo sobre cualquier cosa relacionada con la música, pero siempre procuro enfocarme en cosas de las que no se hablan tanto, algo así. Y pondré algunos de los textos de dichas cápsulas por aquí si no les molesta, je.

“Shoegaze” es una etiqueta peculiar, porque aunque en su nombre no dice nada sobre la música, engloba bien la actitud. “Shoe” de zapato y “gaze” de mirada, porque así tocaban los músicos de este género, mirando la punta de sus pies, sin contacto visual con el público. Surgió en el Reino Unido a finales de los 80 y principios de los 90, y siempre fue un movimiento caracterizado por mantenerse en la periferia de lo comercial, sobre todo en ese tiempo, que dentro de lo alternativo el denominado “grunge” era la moda a seguir. Aquel esplendor de los tempranos 90 con bandas como My Bloody Valentine, Ride o Slowdive no vio repercusión hasta hace poco, bandas jóvenes han rescatado ese sonido de guitarras saturadas con mucho feedback, paredes de sonido, creación de ambientes y melancolía reinante. Desde la electrónica de M83 hasta bandas que gozan de gran éxito como Mew. A pesar que es un género que jamás cesó es hasta esta primera y segunda década del nuevo milenio que bandas nuevas rescatan ese sonido, incluso endulzándolo un poco, como es el caso de The Pains of Being Pure at Heart.

De aquellas bandas del temprano shoegaze, destaca My Bloody Valentine y su disco ”Loveless” de 1991, que para su suerte afanosa de mantenerse a la sombra y con la vista gacha, lidió con “Nevermind” de Nirvana y “Ten” de Pearl Jam, o el propio “Achtung Baby” de U2. Así la banda británica y su segundo trabajo pudieron gozar de la libertad que brinda no vivir bajo el reflector, pero la adoración de la crítica. Tal vez se habla mucho de “Loveless” y se deja de lado “Isn’t Anything” del 88, pero aunque su primer álbum es más crudo y directo, es “Loveless” su refinación como creadores de canciones, que parten el corazón con distorsiones y llenan el alma con reverb. De letras entrañables y sutiles, y una actitud completamente sin edad. El disco no ha envejecido ni un sólo día y lo mismo sirve para días de sol de invierno, lluvia nocturna o una carretera soleada.